(0221) 423-0487 / 512-2337
En Defensa de los DDHH
No announcement available or all announcement expired.

Clarín sin querer le marca la cancha a Vidal

La Señora Gobernadora MARÍA EUGENIA VIDAL, ante la nota del matutino Clarín, suspira y sigue reposando tranquila en Playa del Carmen en México, porque no le llego la crítica del matutino Clarín. Si la información del deterioro edilicio de las dependencias policiales en lugar de haber sido sobre las comisarías de la Ciudad de Buenos Aires, hubiese sido sobre Policía de la Provincia de Buenos Aires, esta estaría señalando una situación catastrófica, porque el deterioro edilicio rondaría en no menos del 100%. En esa situación estarían incluidas las propias dependencias del Ministerio de Seguridad, un edificio por demás centenario que más allá de los misterios e historia que ocultas sus paredes, debe ser resguardado porque es una obra arquitectónica que data de fines del siglo 19 y como tal es necesaria su preservación,  además de otras dependencias centralizadas…

Imagenes de la Comisaria de Pergamino Sec. 3ra (2016)

 

21/01/2017

Nota publicada en el matutino Clarin.com, por Rolando Barbano

Policiales: Fuera de la ley

Comisarías al borde del derrumbe, con agujeros en los techos y baños destrozados

Hay 14 seccionales porteñas en las que hubo que iniciar trabajos urgentes para que no se cayeran. El 64% tiene problemas graves de filtraciones y humedad.


Un techo de la comisaría 11

Policía de la Ciudad

Tres policías se encargaban de toda la operatoria, por demás compleja y burocrática. Uno se dedicaba a cobrarle una estampilla de 10 pesos a cada persona que entraba a la seccional para hacer una denuncia, lo que a muchos -recién asaltados, violentados, golpeados, victimizados de alguna manera- desalentaba e indignaba. Otro se ocupaba de consignar la emisión de la estampilla en uno de los 74 libros de registros de novedades que tenía cada comisaría. Y el tercero, en tanto, se encargaba de ir al banco a depositar lo recaudado a diario por el cobro de las estampillas.

De salir a patrullar la Capital, ni hablar.

Pero aún había más tareas por cubrir. El sistema para tomar las denuncias era -aún es, aunque está en proceso de cambio- un software DOS, inventado en la década del ‘80, que pocos policías lograban dominar. Como nadie les suministraba papel para la posterior impresión de la denuncia, otro de los policías gastaba su tiempo en ir a manguear resmas a las librerías del barrio. Y a veces también tenía que salir en busca de toner para la impresora. O de agua para los dispenser y de papel higiénico para los baños, porque en el fondo eso eran todo lo sanitario que tenían para ofrecer los baños de las seccionales.


Inodoro de la comisaría 14

Los de la comisaría 14° (San Telmo), por ejemplo, tenían inodoros sin tabla ni tapa, los mingitorios se proveían de agua con una manguera y en el sector de duchas sólo había caños tapados con masilla y canillas anuladas. No era la excepción de la Policía: el 37% de las seccionales porteñas tenía sanitarios en estado desastroso, según relevó el Ministerio de Seguridad de la Ciudad a poco de recibirlas de la Nación, cuando se traspasaron -junto a parte de la Policía Federal- a la órbita porteña un año atrás.


Ducha destrozada en la comisaría 14

Es la pesada herencia de la seguridad, en la que tanto se dijo haber invertido durante la última década y en la que, quedó a la vista en un relevamiento al que accedió Clarín, no se puso un peso. Hasta hace sólo unos meses, la mayoría de las comisarías no tenía siquiera agua caliente para las duchas que los policías, obligados a pasar jornadas enteras allí dentro, igual tenían que usar. En las seccionales 42° (Mataderos) , 44° (Versalles) y 47° (Villa Pueyrredón) no había vestuarios femeninos, por lo que las agentes mujeres tenían que cambiarse entre sus colegas varones. La 47° es un caso extremo: alojada en un edificio que tiene 100 años, sobre la avenida Nazca al 4200, estaba en riesgo cierto de derrumbe y hubo que apuntalar sus paredes con obras de refuerzo estructural para que no se cayera. Lo mismo ocurrió con la 42° y con otras doce dependencias que tienen paredes rajadas y un estado edilicio general calificado como “muy deteriorado”.


lockers de la comisaría 25, de Palermo

La causa del mal estado no es sólo la antigüedad. El 64% de las comisarías tiene problemas graves de filtraciones y humedad, producto de cimientos sin mantenimiento, desagües pluviales mal hechos, caños empalmados de manera improvisada y malas conexiones con los artefactos, fruto de que el mantenimiento estaba a cargo de los propios agentes. A algunos los conocían como los “policías pintores”: eran los que se ocupaban de ir arreglando lo que podían, ya que en los últimos 30 años no se hizo ninguna reparación oficial.Otros eran los “policías mecánicos”, que reparaban patrulleros cuando sus colegas no conseguían un taller mecánico que, mangazo mediante, los arreglara.

La comisaría 12° (Caballito) era Kosovo en guerra. Ni la mugre ocultaba los agujeros en los techos, iguales a los que había en la vecina seccional 11°: tenía 3 orificios en el cielorraso -en los baños, los vestuarios y un pasillo- del tamaño de un televisor de 42 pulgadas. En la 7° (Balvanera) el buraco estaba justo sobre la cabeza del “operador de PC” de la comisaría.

No se murió un policía electrocutado de casualidad. El 50% de las comisarías tenía “riesgo eléctrico” grave, por instalaciones que estaban en contacto con filtraciones de agua, tableros que no cumplían con las especificaciones técnicas necesarias y cables pelados.

Los calabozos no cumplían los mínimos estándares de derechos humanos. Por eso, y por un tema de practicidad -cada uno requiere de policías que podrían estar en la calle-, se harán 8 nuevos para toda la ciudad y el resto será demolido.

Así están las 54 seccionales porteñas que esta semana cambiaron de jefe, de la mano del lanzamiento de la flamante Policía de la Ciudad, mezcla de federales y metropolitanos. En ellas se están ejecutando ahora mismo 37 obras, sobre un total de 28.537 metros cuadrados. Ya se les cambió la forma de tomar las denuncias -ahora no se cobran, se pueden realizar en cualquier comisaría y próximamente se harán por Internet directo a la Justicia-, se creó un sistema de suministro de materiales y de insumos básicos -el Ministerio de Seguridad tiene oficinas dedicadas a eso, cosa que antes no existía-, hay un servicio de mantenimiento centralizado para patrulleros que incluye talleres móviles y se espera que para junio estén listos los nuevos calabozos, que se llamarán “alcaidías”.

Lo que se terminaron, para siempre, son las “cooperadoras” y “asociaciones de amigos” de las comisarías, fuente inagotable de corrupción policial. A partir de ahora sólo podrán recibir fondos oficiales para financiarse.

El desafío es que no tengan más excusas para dar lo que se espera de ellos: seguridad.